
Todo ocurrió una noche de luna llena, el calor propio de finales de agosto se apoderaba de principios de octubre, por lo que todo el mundo vestía manga corta con pantalones largos. Yo me encontraba en el silencio absoluto, ese lugar al que solo uno mísmo puede acceder y que consiste en la calma completa, donde no el estrés no existe, no hay lugar para los comederos de cabeza y lo mejor de todo es que las preocupaciones estan prohibidas. Pero todo esto cambió de repente, ese lugar mágico y paradisiaco desapareció, se borró completamente del mapa y todo volvió al mundo real, ya no existia ese mundo de las ideas de platón. Y es que esa destrucción fue producida por diferentes elementos cotidianos en la vida humana, esa vida de escalada en la cuál la tienda de campaña es la mente y la caída la muerte. Como iba diciendo, esos elementos que no nombrare pero que tienen los mismos efectos en todas las personas, hicieron de mí una persona diferente, nada parecido a la anterior, pero, más libre.
Aunque esos elementos antes nombrados, me destrozaran por dentro y me hicieran sufrir, ahora, gracias a ellos he aprendido a ser esta nueva persona, más adulta y más responsable que no se queda pensando en tonterías, sino que hace lo mejor, para si mismo y para las personas que le importan.
Supongo que todo este rollo que acabo de soltar es producto del sueño y del aburrimiento que tengo.